Obsequio
que germine una palabra, un eco
que brote, despacio, una canción
y haya también el eco ahí
y los animales canten la canción
como un susurro
y la canción penetre nuestras casas
nuestras casas, donde nos refugiamos
de todo
lo que nos es extraño
pero el canto llega sutil y arrollador;
la conmoción sacude nuestros cuerpos
y ya no importan las puertas cerradas,
las ventanas tapiadas
ellos traen la canción para nosotros
para que encontremos la palabra
que se guarda en el canto, en el silencio
así elijo creer
cómo se funda un mundo
en la temblorosa serenidad de lo inquietante
en la reunión de todo lo que existe.
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