Lore
(una concatenación de hechos funestos)
los eventos que tuvieron lugar
en el último lustro de mi vida
ilustran el alcance y magnitud
de la onda destructiva desatada
cuando la consumación del amor
se manifiesta, inevitablemente,
como liberación de un camino que termina.
liberación
a lo incondicionado
la abstinencia de límite,
el vértigo del goce
que interrumpe provisoriamente
la superficie áspera de la soledad;
tejer, con cada amante, un tramo
para ensamblar un manto que la cubra,
me proteja, me permita olvidarla
y ya no me lastime
pero la onda destructiva desatada
repercute y me alcanza
con la potencia de su magnitud
y la promiscuidad
-elegante, cuidada-
no es suficiente
para tapar la falta
voy cayendo, de a poco
me entrego a la disposición
de propiciadores de alegría
inmediata y efímera
pero qué bien que pienso,
qué belleza es el diálogo
que se siente pensante
cuando los compañeros
acompañan
qué hermoso, qué belleza
leer así, descifrar
los enigmas de la filosofía
redefinir los libros
como manuales para la existencia
auténtica
(no olvidar, por favor,
el manto que se extiende
sobre la soledad,
la sume en el olvido)
(no me doy cuenta,
pero voy aislándome de todo)
como mi abuela mónica,
no salgo al mundo,
el mundo viene a mí
selecto, intermitente,
convenido
un ambiente apropiado
para perderme, de a poco
en la intimidad de mis cavilaciones
que ahora se tornan recurrentes,
fantásticas, caóticas
entonces más y más propiciadores
de sentido, presencia,
inteligencia
siento que brillo,
siento que soy brillante
y ahí, una vez más
la magnitud
de la onda expansiva
entonces todo estalla.
ya no soy yo.
la manía
se convierte en delirio
me construyo mi propia realidad
no necesito a nadie
ya no estoy sola,
dejo de estar sola
paso mi tiempo
con los amigos imaginarios
que van apareciendo
jugamos, reímos
cantamos, bailamos
mientras completamos la misión:
cuidar a los artistas
salvar la libertad
para que no se acabe el universo.
ya no soy yo:
la onda que se expande
es autodestructiva
el delirio se vuelve incontrolable
llega la policía, me detiene,
me llevan a una clínica.
me internan,
una, dos, tres,
cuatro veces
un lustro de mi vida
reiterado en un loop imprevisible
donde nada es igual,
pero todo es lo mismo.
un lustro de mi vida
puesto entre paréntesis
una epoché,
una época
quizás esto sea todo,
y este sea el destino al que conducen
todas mis decisiones esenciales
o acaso este ponerle nombre a mi desgracia
la deje reposar en el poema;
sea sanada la herida destructiva,
se disuelva la onda
y vuelva entonces el acontecimiento.
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